Vie. Dic 3rd, 2021
palacio de versalles

Situada al sudoeste de París, Versalles fue una modesta población hasta que en 1624 Luis XIII hizo levantar allí un castillo para la caza que fue sucesivamente transformando y ampliado por Luis XIV. Llegó a su actual aspecto en 1690, después de los largos y complicados trabajos dirigidos por Le Vau, Har douin-Mansart y Le Nôtre, que se ocupó sobre todo de la planificación de sus grandiosos jardines.

Capital del reino

En 1682 Versalles pasó a ocupar el lugar de París como capital del reino, cuando Luis XIV trasladó allí el gobierno con el objeto de vigilar mejor a la nobleza. Desde ese momento hasta el 6 de octubre de 1789, Versalles vivió su periodo mágico en el boato y en la fastuosidad de una corte indiferente a las difíciles condiciones en que vivía el país, pero siempre dispuesta a nuevos lujos, a interminables partidas de caza y a fiestas grandiosas.

El 6 de octubre, el rey y su familia, en carroza dorada, emprendieron el regreso a París, después que una manifestación de mujeres de los mercados había marchado sobre Versalles, en un hecho sin precedentes. El castillo, sin su corte principesca, en completo estado de abandono, fue muchas veces saqueado y despojado de muchas obras de arte hasta que, restaurado en 1837, Luis Felipe lo transformó en Museo de la Historia Francesa.

Ocupación alemana

En 1870, Versalles ocupado por los alemanes presenció la coronación de Guillermo de Prusia como emperador de Alemania. Finalmente en 1875 se proclamó en Versalles la República y en 1919 fue el lugar donde se firmó el tratado de paz con Alemania. Desde el vasto se micírculo de la Plaza de Armas se contempla el magnífico palacio con sus tres patios sucesivos: el primero, llamado Patio de los Ministros, en cuyo fondo se levanta la estatua ecuestre de Luis XIV; el segundo, denominado Patio Real adonde tenían acceso las carrozas de la familia del monarca, y el último, Patio de Mármol rodeado por la primera construcción del castillo de Luis XIII, de ladrillos rojos alternados con piedras blancas. Desde el Patio Real se llega a través de una arcada a la fachada occidental del Palacio, la más famosa y sin lugar a dudas la más hermosa. Tiene una longitud de 580 metros con los armónicos jardines que se abren a su frente. Al arquitecto Le Vau se debe el cuerpo central, que emerge, mientras Hardouin-Mansart creó las dos alas que retroceden produciendo un efecto armónico y elegante. Cada cuerpo consta de dos órdenes; el in ferior, con arcadas almohadilladas, y el superior, con pilastras de so portes adosados y altas ventanas.

Leé también  ¿Cómo conocer Sydney Harbour Bridge?

Arquitectura

Ambos órdenes están coronados por un ático con balaustrada destinado a las habitaciones de los miembros de la vastísima corte, en tanto que el cuerpo central y las dos alas quedaban reservados a la familia real y a los principes reales. Por el Patio Real, a través del ala Ga briel, llamada también ala Luis XV, se llega al interior del Palacio, sede del Museo Histórico, cuyos once salones están dedicados a la época de Luis XIII y Luis XIV. De aquí se puede pasar a la Opera, ideada por Gabriel en 1770 para la boda de Luis XVI con María Antonieta.

Es de forma oval, y está revestida de preciosas maderas talladas y doradas sobre fondo azul. En el se gundo piso tiene especial interés la Capilla construída entre 1698 y 1710 sobre el proyecto de Hardouin Mansart. Consta de tres naves con pilares en escuadra que sostienen las arcadas coronadas por una ga lería de columnas acanaladas. En este piso se pueden admirar tam bién los seis salones del gran de partamento del rey donde el sobe rano recibía a la corte tres veces por semana, entre las seis y las diez de la noche; el departamento del rey con la alcoba donde murió en1715 Luis XIV; el gran departa mento de la reina, teatro de los sangrientos encuentros entre la guardia de María Antonieta y algu nos rebeldes en la mañana del 6 de octubre de 1798. Pero lo más des lumbrante del palacio es ciertamen te la Galería de los Espejos, a la cual se llega a través del Salón de la Guerra. Obra maestra de Har douin-Mansart, que la hizo cons truir en 1678, mide 75 metros de largo por 10 de ancho. Su bóveda fue decorada por Le Brun con pin turas que ilustran las victorias francesas. Su fama y su belleza se de ben a los diecisiete ventanales que miran al parque a los cuales corresponden otros tantos espejos en el muro opuesto, de manera que toda la galería está inundada de luz como si el verde y la paz de los jardines penetraran silenciosamente en el interior del palacio.

Leé también  Parque Nacional Iguazú

Jardines de Versalles


Capítulo aparte merecen los jardines de Versalles, justamente considerados como el prototipo de los jardines a la francesa, por su estilo elegante, nunca excesivo y sin em bargorico en hallazgos artísticos y creaciones escenográficas.

Fueron planeados por Le Nôtre entre 1661 y 1668; ocupan una extensión de 100 hectáreas y constituyen parte integrante y complemento necesario del palacio. Una estrecha y rígida geometría preside su realización, lo que no significa peligro alguno de monotonía en la siempre variada perspectiva que los canteros, los bosquecillos, las estatuas y las fuentes con sus chorros de agua crean en cualquier rincón del amplio par que. Al descender de la terraza central encontramos la obra maestra de Marsy, la fuente de Latona, que representa a la diosa con sus hijos Diana y Apolo como en trono sobre las fuentes concéntricas que ascienden a modo de pirámide. En esta fuente se origina el largo sendero llamado Tapis Vert que con duce a la gran Fuente de Apolo. Aquí Tuby imaginó el carro del dios arrastrado por cuatro caballos que surge imperioso de las aguas mientras los tritones soplan en sus con chillas para anunciar la llegada del dios. Detrás de este grupo escultórico, que por su impetuosa majestad es un poco como la síntesis de toda una época en la que Versalles vivió su máximo fulgor, se extiende una vasta superficie verde, atravesada por el Gran Canal que se prolonga casi dos kilómetros y es interceptado en su punto medio por el Pequeño Canal.

Muchas veces imitado en el curso de los siglos sucesivos por las cortes de otros países, Versalles es el más límpido testimonio del alto grado de madurez artística que esta época supo alcanzar.

Leé también  Machu Picchu y sus maravillosos paisajes